Es muy fácil juzgarnos a nosotros mismos, a menudo nos estamos comparando con otros y reprochándonos porque no hicimos esto o aquello, o porque algo nos ha salido mal. Pero equivocarnos, caernos, tropezarnos son cosas del camino sin las cuales no podríamos aprender a ser mejores personas. Son esas equivocaciones y tropiezos las que nos ayudan a madurar y a crecer hasta convertirnos en los seres que en verdad queremos ser. Es a eso exactamente a lo que hemos venido a esta vida, a vivir experiencias que contribuyan a nuestro crecimiento personal, a hacernos más conscientes y mejores seres humanos.

Si nos fijáramos más en las cualidades que tenemos, en todas esas cosas que Dios puso solo en nosotros y que nos hacen diferentes e irrepetibles, recordaríamos siempre que somos parte esencial de la creación y que somos perfectos para nuestro creador. Estás aquí porque tienes un propósito, porque eres importante para Dios, para tu familia, para tu comunidad, para el mundo y para ti mismo(a). Nada ni nadie te puede hacer sentir lo contrario, ni siquiera tu mismo(a). Así que gústate como eres y deja de juzgarte negativamente, porque cuando te juzgas te desconectas de tu esencia y niegas el propósito con el que Dios te creó.

Sí es cierto que debemos de ser críticos de nuestros actos porque es así como aprenderemos de ellos. No es que pasemos de todo como si no nos importara nada, al contrario, cada día debemos de tratar de ser una mejor versión de nosotros mismos. Pero esa auto crítica, para que sea productiva, debe de ser desde el amor y con sabiduría, la sabiduría del corazón. Ser severos al juzgarnos y castigarnos a nosotros mismos, solo contribuirá a que nos sintamos cada vez peor y con poca estima respecto a nosotros.

Muchas veces nos esforzamos tanto por encajar, querer caerle bien a todos y demostrar lo que valemos, que nos alejamos de nuestra naturaleza, de lo que realmente somos; convirtiéndonos en lo que los demás esperan de nosotros. Es quizás ahí en donde empieza el problema, porque al no poder llenar todas las expectativas comenzamos a sentirnos mal y a juzgarnos, queriendo ser lo que la sociedad nos exige y comparándonos con los demás. Olvidándonos de que lo que realmente importa es sentirnos bien con nosotros mismos, porque al fin y al cabo, da igual lo que hagas o como seas, si eres mala o buena persona, si tienes o no un buen trabajo, si te esfuerzas o no por ser mejor cada día, siempre habrá alguien que te juzgue y te critique.

Yo sé que como seres humanos tenemos sentimientos y muchas veces, hasta sin quererlo, caemos en el error de vernos a nosotros mismos a travez de los ojos y juicios de los demás. Pero la gente que siempre juzga normalmente no son gente felices y a través de sus juicios demuestran sus propias frustraciones y es un error nuestro el darles demasiada importancia a lo que piensen de nosotros ya que esto provoca un desequilibrio en nuestro ser.

Es por eso que tú debes estar ahí en todo momento para ti. Dándote confianza a ti mismo(a), amándote y respetándote, nunca juzgándote, más bien entendiéndote y valorándote. La confianza y el respeto hacia uno mismo es sumamente importante, para que cuando todos duden de ti y te juzguen, tú te sientas fuerte sabiendo lo que vales para ti y para Dios y que todo lo que piensen los demás carece de importancia.

Es necesario entender que en este viaje de la vida tu eres tu propio compañero, tu propio amigo y que mucha gente vendrá y se irá, pero tu siempre seguirás ahí, siempre te tendrás. Por ello es importante que nos tratemos bien y que nos respetemos, ya que el respeto es la base del amor. ¡Y si! Esto también aplica para el amor propio y no solo en el amor de pareja como siempre lo asociamos. Para amarnos a nosotros mismos también debemos respetarnos y así desarrollaremos una actitud positiva hacia nosotros mismos.

¡Los amo!

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4 Comments

  1. Excelente!!! Debemos tener siempre pendiente que Dios nos ama tal y como somos. Y que nuestro cuerpo es el templo de Dios, porque él vive en nosotros, por lo que debemos en todo momento, como bien tú lo explicas, amarnos a nosotros mismos y así poder amar a los demás.
    Además dejar todo en manos de Dios para permitirle realizar el propósito que él tiene para nuestras vidas, así poder decir hágase en mí según tu voluntad.

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